Soy una bestia

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Híjole, es un tema espinoso este de la paciencia. En este asunto sí soy como la Bella y la Bestia. Tal cual, puedo ser la más zen, sonrisa número 3 bien puesta y respiraciones a ritmo; pero también alcanzar el nivel más alto de neurosis, a veces al punto de preocuparme a mí misma de mi intensidad.

¿Que qué me convierte en monstruo? Confieso que no es una lista larga, pero son algunos botoncitos que, en automático, catapultan la furia en mi ser y me transforman en un verdadero energúmeno.

Es curioso, las personas más cercanas a mí son las que disparan como cañones de guerra la peor parte de mi persona. Y si no, pregúntenle a mi mamá y a mi papá, quienes aseguran que soy súper enojona.

No voy a entrar en los detalles de mis papás que me hacen hervir la sangre, ya algún día regresaré a terapia y, con suerte, volverán a salir esos temas y esas historias de mi pasado. Por ahora, sólo hablaré de ese gran tema que hace que me salga el monstruo que habita en mi interior, por ahí del penthouse: la paciencia…o mejor dicho, la impaciencia.

Sí, soy Mariela y soy impaciente. No se imaginan a qué punto *baja la cabeza y se sonroja*

Tengo la ventaja, o desventaja, de que soy eficiente, normalmente resuelvo las cosas bastante rápido. Algunas veces me equivoco, claro, pero de que siempre lo hago rápido (que no a la carrera, conste), así es. Entonces viene mi dolor de cabeza: no puedo con las personas lentas. Lo confieso.

Y por lentas me refiero: en cualquier sentido. No puedo con la gente que tarda mucho en hacer cualquier cosa, y aún peor si esta lentitud las obliga a ser impuntuales. Me cuestan mucho trabajo las personas que tardan más en entender las cosas. Aunque en este caso, soy ligeramente más paciente y trato de explicarles lentamente. A la tercera, me desespero.

Me mata la impuntualidad. Aunque debo confesar que desde que soy mamá he perdido mi toque de puntualidad, lo que me lleva a ponerme histérica con mi chamaquita cuando vamos tarde y ella, como cualquier niña pequeña, lo hace más despacio, se entretiene en cualquier detalle o me quiere contar algo cuando yo lo que quiero es llegar a tiempo a donde sea. Si, soy una bestia, les dije.

Muchas veces, a la mitad de mi ataque de histeria, logro verme/escucharme a mí misma y me da pena, me preocupa llegar a esos niveles de histeria. Entonces tengo la capacidad de inhalar y exhalar, y me tranquilizo. Al menos tengo esta capacidad de autocontrol. Sí, no llego nunca a la violencia, ni a tocar extremos, pero me quedo un poco alterada. Y todavía mi doctor se pregunta el por qué de mi colitis…voilá.

Otro “detallito” que me desespera es que María no me haga caso. Creo que es algún trauma de mi infancia, de no sentirme escuchada. Neta. Entonces cuando le digo algo y me ignora absolutamente, o si le doy una instrucción y como si le hablara a la pared, monto en pantera y enfurezco

Insisto, soy Mariela…y soy una bestia.

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  1. Te paso #mommytips jajajajajaja. Hoy precisamente a Grace le decía que así era, una bestia de impaciencia con mi peque mayor. Nos pasa a todas. Lo bueno es reconocerlo y ver qué puedes cambiar. Y si no leo esto nunca lo hubiera adivinado. Yo creo que eres muuuuuuuy paciente. Te quiero!!!!

  2. La parte de cuando te ignoran me sentí taaaaaan identificada. Creo que eso puede hacerme pegar los gritos más terroríficos! En fin, he aprendido a no tomarlo personal, a veces lo logro y a veces pues no! Jajajaja
    Para mi eres la paciencia y tolerancia en persona!
    Besos

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