La comida y yo

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Yo siempre me voy de hocico, no tengo remedio, me voy directito y sin escalas sobre la comida; soy una tragona ¿qué le vamos a hacer? En verdad lucho contra mí misma, pero no me puedo resistir a todas esas delicias que algún personaje malévolo creó en maravillosos hornos y cocinas espectaculares.

¿Qué si prefiero salado o dulce? Me da igual, me gusta todo lo que sepa rico. Para que me entiendan, el único alimento que no me gusta son los chícharos –y si están incluidos en un buen arroz a la mexicana, hago a un lado los que puedo y los demás me los como sin problema–. Chocolates, pasteles, tostadas, tacos, tortas, comida japonesa, mexicana, india, colombiana, china…you name it (y yo me la como).

Todo esto no sería tan malo, si yo no fuera también un poco obsesionada con esto de estar delgada, o al menos, no engordar. Creo que ya les conté que vengo de dos familias muy fijadas en el físico, en ser bonita, en estar flaca –de preferencia con buen cuerpo–¬, bien arregladita… No es cosa fácil, lo digo en serio, fuera de todo lo frívolo y superficial que esto suene. Va directito al autoestima, una parte importante de mi valía tiene que ver con mi físico, o al menos eso aprendí desde que tengo uso de razón.

El otro día leí un texto de MalaMadre, de los muchos que disfruto leer de ella, y me sentí completamente identificada, de pronto parecía que me hablaba a mí. Lo leí un par de veces, y sí, la persona de la que escribía se parece a mí. Pero juro que cuando comento sobre mi cuerpo no lo hago para molestar a nadie, de verdad tengo un trauma de infancia y juventud.

He tratado de solamente disfrutar la comida, irme de hocico pero sin arrepentimientos, sin sufrir en la noche en el recuento de los daños. A veces lo hago, mientras como –cuando me dejo ir– lo disfruto muchísimo, saboreo cada platillo; insisto: lo dulce y lo salado, lo picante y lo amargo (no tanto). Pero ese disfrute me dura hasta la noche, o hasta la siguiente vez que me miro en una foto o en el espejo y veo una lonjita. Háganme el favor, una lonjita #ayquétiene.

Pues desgraciadamente para mí sí tiene, me cuesta mucho trabajo quitarme esa creencia de la cabeza. Desde que me divorcié (hace cinco años) y hasta hace un poco más de un año, me relajé un poco, dejé casi todas las dietas y me vendí la idea de que ya a mi edad nunca iba a ser la mujer delgada que yo quería ser, que no sufriera más y siguiera tranquilamente mi vida, sin que el peso fuera un tema. Lo logré hasta el día en que me di cuenta de que no me gustaba nada, que me sentía mal conmigo.

Me gustaría llegar a un punto intermedio, algún día en mis 30s lo logré: comer moderadamente, un poco de todo, a veces un mucho, pero sin extremos. Dejar las dietas extremas, hacer detox sólo para sentirme mejor físicamente y no para enflacar, hacer ejercicio regularmente y ya. Hoy me cuesta mucho trabajo, lo confieso.

Tengo la fuerza de voluntad necesaria para hacer un ayuno, tipo el sirope (que no volvería a hacer), o la dieta que hice para bajar siete de los 10 kilos que bajé el año pasado, a base de productos proteínicos y muy pocas calorías. Soy ñoña. Pero nomás no puedo comer con moderación, nada más regreso a una alimentación normal y me doy vuelo con chocolates, pasteles o pan –maldito pan, cómo me gusta–.

OK, este iba a ser un texto simpático sobre lo tragona que puedo llegar a ser, y seguramente varios de ustedes ya me quieren mandar a terapia. Mejor ya le paro, seguiré tratando de trabajar esto de la moderación, de amarme a mí misma sin importar lo que diga la báscula y, sobre todo, de no heredarle a María esta maldita obsesión con el peso, la figura y los estereotipos.

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  1. ME EN CAN TO!!! Yo no te voy a decir nada más que lo que veo, eres una mujer guapísima, con una sonrisa hermosa y con quien se comparte el tiempo de una agradable manera. Si te dijera que muchas pienso “me gustaría ser tan guapa, tan alta y tan delgada como Mariela!. Quihubo. Besos

  2. Este texto lo pude haber escrito yo, sin problema. Tal cual. Me pasa exactamente lo mismo y tengo el mismo amor-odio por el pan. La única diferencia con este texto es que yo sí estoy pensando en hacer de nuevo el sirope cuando termine de lactar jajaj 😛
    P.D. Ya te ves guapísima así 😉

  3. Quien no te conozca pensara que eres un hipopótamo, estas guapísima y bajale al drama, lo único que deberíamos de hacer, me incluyo, es no olvidar a Aurora y tratar de seguir su técnica los más días posibles, el ejercicio básico y sobretodo ser feliz como eres, todo aplicable a mi por supuesto………….mi Mama me ama y mima

  4. Coincido en que estás guapísima y no debieras de preocuparte demasiado. Sabemos que también te encanta la comida saludable, la vida saludable… Se puede comer sano y rico. Claro que es reconfortante anímicamente hacer excepciones. Y lo bueno es que las excepciones no engordan.

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