La sencillez de la elegancia

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Un día dije una frase precisamente con la palabra hocico, sin ninguna intención de ofender o agredir a nadie; pero ese fue el efecto que causé. Aunque no es una palabra que yo use comúnmente, ese día la dije y entendí que hay que tener más cuidado con el mensaje que transmitimos.

A partir de esta reflexión, compartida con una persona con la que tengo largas pláticas y que disfruto mucho, me recomendó un libro: Tratado de la vida elegante, de Honoré de Balzac.

Les quiero compartir parte de lo que leí, comienza hablando sobre lo que significa ser elegante, empezando con la pureza al hablar, la gracia en el porte, la facilidad con que se lleva un tocado, el gusto por la decoración de interiores, por la perfección; en fin, a todo aquello que procede de la persona. Por eso se conoce el buen gusto de alguien con sólo entrar a su casa.

“El principio de la vida elegante es un alto pensamiento de orden y armonía, destinado a dotar de poesía las cosas”. También explica que la elegancia, al no ser más que la perfección de los objetos sensibles, debe ser accesible a todos mediante la costumbre.

Menciona que el hombre se viste antes incluso de actuar, hablar, andar o comer. Igualmente se baña antes de vestirse, y aquí bien dice que la indumentaria no es sólo el vestido sino la manera de llevarlo.

Y también me gustó lo de que la sencillez no es más que la armonía, ni la armonía más que la limpieza; explica que la elegancia nace de una concordancia misteriosa entre estas tres virtudes primordiales. Crearla en todas partes y de modo repentino es el secreto de los espíritus innatamente distinguidos.

Y es que tiene toda la razón el libro cuando sostiene que hay que admitir que no se puede exigir galanura en el vestir si no se tiene costumbre de vestir bien; se trata más de poner lujo en la sencillez que sencillez en el lujo. Esta parte me encantó, muchos creen o hacen justo lo contrario.

Dice que las personas elegantes saben hablar y saben callarse, se ocupan de nosotros con delicadeza, sólo tocan temas de conversación convenientes, eligen sus palabras con acierto, su lenguaje es puro, sus bromas acarician y su crítica nunca hiere. Ni sermonean ni discuten. Son de humor estable. Respetan y no cansan. Su espíritu impregna las cosas que les rodea. Son personas naturales. Sus sentimientos se expresan de manera sencilla porque son auténticos. Sinceros sin ofender y aceptan a los hombres tal cual Dios los hizo. Llegas a quererlos irresistiblemente y los tomas de ejemplo.

Según el autor, el poder magnético constituye la gran meta de la vida elegante. Todos debemos intentar apropiarnos de él, pero lograrlo siempre resulta difícil, pues el origen del éxito reside en una bella alma.

Enumera varios aforismos pero en especial quiero compartir dos:

“Aunque la elegancia sea menos un arte que un sentido, procede igualmente de un instinto que de un hábito”.

“El hombre de gusto siempre debe reducir su necesidad a lo sencillo”.

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