Recuerdos y proyectos

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De mi infancia tengo dos tradiciones muy claras:

Las cenas del 31 de diciembre en casa de los Salinas eran una verdadera fiesta. Primero estaban las ollas de comida deliciosa preparada por mi abuela: pierna en adobo, pavo relleno, ensalada de manzana y piña… ¡uffff, ya me dio hambre! Recuerdo que todo brillaba, la luz de las velas reflejada en las copas, la
platería que mi abuela sacaba sólo para esa cena, todas las luces prendidas, etcétera.

De la familia de mi mamá, la tradición que viene a mi memoria es el juego de cartas después de la comida, podía ser cada ocho días o luego de alguna celebración, tipo cumpleaños, y hasta en fiestas como Navidad.

La verdad es que alucino los juegos de cartas, sobre todo la Canasta. Sucede que soy medio antisocial, así que aunque me gustara jugar con mis primas y primos, llegaba un momento que me cansaba y quería irme a mi casa, cosa que sucedía como tres o cuatro horas después de que yo pedía irme porque “aún no se juntan los puntos” aaaggghh.

Además me parecía muy injusto que los adultos jugaran Canasta mientras nosotros nos picábamos los ojos de aburrimiento. Y ni preguntar si faltaba mucho porque ya saben la respuesta: “Váyanse a jugar mientras terminamos”. Realmente me molestaba. Lo peor vino cuando fuimos creciendo y algunas de mis primas y primos quisieron aprender a jugar. Lo bueno es que para entonces podía irme sola cuando yo quisiera.

Ahora que tengo una familia de cinco integrantes hay varias tradiciones que me encantaría establecer conforme los críos vayan creciendo. Algunas ya las hemos ido haciendo.

Una que ya tenemos con Matías es que antes de Navidad él escoja una cantidad bastante grande de juguetes que ya no usa pero que SÍ sirven para regalarlos a niños que viven en orfanatorios o casas hogar.

Una cosa que he querido hacer desde hace tiempo pero que por logística no he podido es juntar cobijas para llevarlas a zonas muy frías, con pocos recursos. En cuanto las niñas estén un poco más grandes, dos años, espero que podremos hacerlo.

Una tradición que ya compartimos es que los sábados, casi todos, desayunamos hot cakes pero el ritual consiste en que Mat es quien bate los ingredientes hasta que la mezcla queda lista. A veces la preparación es de cajita y otras es hecha en casa de principio a fin.

Mi plan este año es hacerles el pastel de cumpleaños a todos los integrantes en lugar de comprarlo, empezaré con el mío en julio. El reto no es menor, considerando que el pastel favorito de Gabriel ¡es el mil hojas!

Mi intención con estas tradiciones es que mis criaturas construyan recuerdos emocionales que les ayuden en momentos difíciles, que les recuerden que con su familia pueden contar, pase lo que pase; y que tengan un sentido claro de solidaridad con otros, que sepan que siempre habrá gente menos afortunada que nosotros, que ell@s pueden poner un grano de arena para que otras personas tengan un buen rato.

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