Ser familia

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A los Roquero, a los Gómez y a lo Gómez Roquero nos gusta esto de ser familia, desde que tengo memoria he tenido una cercanía grande con prácticamente todos. A nosotros nos gusta la tradición de reunirnos, no importa la ocasión: un cumpleaños, año nuevo, un domingo, un sábado, un martes, da igual; el chiste es vernos, estar juntos.

De niña, mis sábados estaban dedicados a los Gómez y los domingos a los Roquero. Con sus altas y sus bajas, mis abuelos de los dos lados se encargaron de enseñarme que la familia es importante y hay que estar juntos; no tengo cómo agradecérselos. Pues, para sumarle, tengo la suerte de que prácticamente todos mis tíos, tías, primos, primas, sobrinos y sobrinos me caen rebien, así que es fácil el mueganeo.

Mi infancia sabatina era en la “mesa de los niños”, cada semana, sin falta, sopa de pasta, pollo y plátanos con crema. Conforme íbamos creciendo, podíamos evolucionar a la de los grandes; ahí donde se sentaba mi abuelo, el patriarca, el temido por todos. La verdad es que esa mesa para veintitantas personas sólo era divertida en Navidad, los sábados yo prefería quedarme con los primos, sin la mirada reprobatoria de los adultos, que no nos dejaban darle ni un trago al agua de limón, hasta que no nos termináramos la sopa. Extrañas tradiciones.

Antes de la comida jugábamos en el jardín. Había dos juegos típicos que me encantaba jugar, aunque siendo de las más chiquitas como que no me pelaban mucho; ni a Karla ni a mí. Uno era cinturón escondido, así como suena: alguien escondía un cinturón, y el que lo encontraba corría a agarrar a cinturonazos al que se le cruzara en frente. Había que correr a la base –no bas, como dicen las nuevas generaciones– para salvarte de un chicotazos de esos.

Otro gran juego era subirnos al árbol, que era nuestra nave espacial. Era tan grande y con tantas ramas, que cabíamos fácil unos 14 primos. A Karla y a mí nos tocaba casi en las raíces…OK, no, pero sí en las ramas que estaban más cerca del piso. Éramos chiquitas, y creo que nos dejaban jugar sólo por buena onda.

Ya cuando estábamos más grandes, mi abuelo enfermó y estuvo como dos meses en cama, antes de fallecer. Íbamos casi diario a verlo…y a vernos. En esa época –en enero de 1986– decidimos que haríamos una comida mensual de primos, en una casa diferente cada vez. No les puedo decir lo maravillosas que eran esas comidas, y los lazos que creamos entre nosotros. Durante el Mundial México 86, mi tío Manolo y Cacho, mi primo, trabajaban en Televisa, así que compartimos partidos y celebraciones, pues ahí íbamos todos de muéganos a los estadios. Hoy, nos juntamos cada que podemos; con unos más que con otros, pero nos queremos todos y mucho.

Con los Roquero la cosa no es diferente, ya le conté de los años nuevos, los domingos de mi infancia también fueron increíbles; con 17 primos, eso de divertirse nunca fue un problema. Ya adultos comenzamos a reunirnos los martes, en casa de los Brilanti, dizque para hacer ejercicio –tenis, natación y anexos–. Así comenzaron los Fitness, como bautizamos a las reuniones semanales, que apenas llegó el primer otoño dejaron atrás cualquier tipo de actividad física y se trasladaron a la sala de casa Cristy a pasar las mejores tardes de mi vida. Con los Roquero, en Fitness, fui la mejor cantante, también fui millonaria y multimillonaria, descubrí el gran amor que hay en mi familia, absolutamente incluyente, a pesar de lo venenosos que podemos ser a la hora de criticar. Extraño los Fitness, mucho.

Ahora, los Gómez Roquero seguimos la tradición: cada domingo, casi religiosamente, comemos todos en casa de mi mamá. Mis hermanos, Lupita, sobrinos, sobrinas, mi mamá, María y yo. El mejor día de la semana es con ellos. Por la mañana decidimos quién cocinará y cuál será el menú. Casi siempre el chef es Marco, quien no contento con cocinar toda la semana en su restaurante, se desvive haciendo deliciosos platillos para nosotros; otras veces es Mauricio, quien también tiene muy buen sazón. Sofía, Renata e Isabela casi siempre le ayudan a Marco, son sus pinches, pues. Mariano y María se encargan de poner la mesa. Otras veces mi mamá hace sus especialidades, casi siempre a pedido expreso de cualquiera de nosotros.

María disfruta a sus primos como si no le llevaran entre 13 y 18 años; mi mamá se agasaja platicando con sus seis nietos de cuanta cosa se les ocurre: desde el antro al que fueron ayer, los exámenes de admisión a la universidad, el menú de la semana en Vasto, hasta la letra de la canción y el baile que interpreta a dúo con María. Mis hermanos y yo a veces huimos a la recámara a ver algún deporte, a según la temporada: soccer, americano, Fórmula I, golf, Juegos Olímpicos…you name it. Disfruto tanto esos ratos que pasamos los tres hablando de la patada, la caída, el touchdown. No se lo pueden imaginar.

Claro, hay días en que algunos no quieren o no pueden ir; otros, en el que los adolescentes están tan desvelados o crudos que pasan la tarde en la cama adormilados, y algún otro en el que hay discusiones o malos modos. Pero son los menos, la neta.

La mejor tradición de mi familia es esa: ser familia. Los amo.

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    1. Gracias, Pam. Como en todas, hay de todo, pero sobre todo hay mucho amor y ganas de estar juntos. Eso me encanta y quiero que María lo herede.
      Te quiero.

  1. ¡Qué nostalgia me dio!. De los domingos tengo recuerdos bittersweet jajaja, no siempre la pasé muy bien (tu sabes la historia), pero sin duda estar con los abuelos es de los mejores recuerdos de mi vida.
    Y de los fitness ni que decir, ¡los extraño un montón!

    1. Lo bueno es que la herencia de estar juntos y querernos tanto sigue pasando de generación, y ahí están nuestros hijos jugando felices entre primos. Ya sólo nos falta organizar más fitness, jajaja.

  2. Me encantó recordar ésos sábados y las comidas de los primos!! Me encanta convivir con los Gómez! Te quiero Mariel

  3. Es muy bonita tradición, yo también tuve la gracia de vivir así, hasta que se fueron muriendo los grandes y los que quedaron fueron haciendo nuevas familias con yernos y nueras y nietos y ahora es más difícil reunir a los originales pero aunáis en Navidad o Año nuevo todavía seguimos haciéndolo, con una familia una fecha y con la otra en a la siguiente semana, felicidades a los Gómez y a los Roquer y a ti y a Maria.

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