Sus logros, mis logros

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Desde que nació, nos sorprendió. A los pocos minutos de estar fuera de mi panza, nos miraba a todos fijamente. Ya sé, dicen que los bebés no fijan la mirada y sólo ven sombras durante los primeros días o el primer mes, pero no lo creo, pues él tenía una forma particular de observarnos a cada uno.

A los dos días, sostuvo la cabeza cual niño de tres meses. Cada uno de sus logros nos fue asombrando más, pero los días avanzan rápido y no alcanzamos a documentar todo con fotos o video, ni a dejar plasmadas las fechas en su diario.

Era un bebé grande, tosco y fuerte, lo cual le favoreció para que a los cinco meses se sentara sin problema, a los nueve se parara solo y justo a los 12 me recibiera caminando.

Aprendió a contar y a identificar los números del uno al 100 al año cuatro meses, aproximadamente.

Han sido varios los días que me ha dejado sin palabras. Como cuando, al año y nueve meses, me sorprendió diciendo en voz alta las letras de un juguete que tenía una etiqueta con la palabra “yogurth” o cuando, al año 11 meses comenzó a formar su nombre con letras de madera.

Pero, hace dos semanas me dejó con los ojos desorbitados y, literal, casi me voy de boca al ver lo que estaba haciendo.

Yo estaba cambiando a su hermana cuando me dijo: “Mira, mamá”, volteé a ver su cuaderno y había escrito, sin ayuda, los números del uno al 10. No pude más que abrazarlo y decirle que estaba muy feliz por su logro.

Al día siguiente, me volvió a dejar muda. En el mismo cuaderno, sobre unos números que apenas de veían, estaba escribiendo su nombre. “¿Me ayudas a hacer la R mayúscula?”, me dijo. Le tomé la mano y juntos la trazamos. Cuando iba a ayudarle a hacer la siguiente letra me detuvo: “No, mamá, eso yo puedo solo”. Y pudo.

Y sí, la verdad, lo presumo cada que puedo porque soy su fan número uno, pues estos logros son mérito únicamente de él. Lo admiro como a nadie en el mundo.

Quizá hay miles de niños más inteligentes, más capaces. Quizá le falta desarrollar otras muchas habilidades, pero, para mí, siempre será el número uno; nunca dejará de impactarme y llenarme de orgullo.

Foto Janett

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  1. Muy bien por ese chamaquito brillante!!! Y sí, ese orgullo que nos revienta en el pecho es maravilloso, las demás habilidades saldrán o no, pero no pasa nada.

  2. Esos logros, o bien, el mayor de todos: hacer de un simple mortal como yo… cambiar sus pensamientos idiotas de que nunca sería padre… para en cuestión de meses hacerme el papá más afortunado y bendecido del planeta.

    Cada día del calendario es un recuerdo entrañable, cortesía de nuestro hijo adorado. Rodrigo, el ídolo de Julia, el tesoro, el nene de la sonrisa de fuego que es capaz de congelar los momentos. Paradojas exquisitas.

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