Nunca digas nunca

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Mientras escribía me di cuenta de que he contado mi historia en muchos lados y muchas veces, pero no lo he hecho lo suficiente en español, y menos para México; creo que esta oportunidad viene en el mejor momento, porque definitivamente estoy tan bien conmigo mismo y con mi mundo que no importa absolutamente nada.

¿Cómo se enfrenta algo que piensas que nunca te va a pasar? Nunca digas nunca…

No voy a poder olvidar la cara del chico que me dio la noticia. ¿Quién no ha pasado por ese momento de hacerse la prueba de VIH y no saber qué va a pasar? Si nunca lo has sentido, muy probablemente es porque no has ido a hacértela. Yo estaba seguro de que todo debía estar bien o sea, normal, yo no pensaba mucho en VIH a mis 21 años, hasta que salimos del lugar donde me hicieron la prueba y me llamaron para que regresara “porque algo había salido mal con mi prueba”. Sólo eso, eso bastó para que yo entendiera que el resultado había salido positivo y que mi vida iba a cambiar para siempre…

Desde ese momento, he entendido que la mayoría de las veces que pienso que algo nunca me va a pasar, me sucede -y no siempre es para mal, al contrario-. Pensé que nunca me iba a pasar vivir con VIH, pero tampoco pensé que eso me iba a llevar a nuevos sueños y momentos que jamás imaginé que tendría, muchas cosas tuvieron que suceder y muchas personas se tuvieron que unir a mi alrededor para que yo lograra convertir el “nunca lo voy a lograr”, en “ya lo logré”.

Tengo la mejor familia y los mejores amigos y amigas del mundo, de verdad, ¡las tengo! Vivir con VIH jamás representó un obstáculo, un cuestionamiento, o reproches más allá de: “¿pero por qué no te cuidaste?”

Lo primero que hicieron mis amigos cuando recibí mi diagnóstico de VIH+, fue venir conmigo, estar ahí, todos sentados en la sala sin decir una palabra; sólo eso necesité para entender que todo iba a estar bien, que no importaba qué, iba a estar conmigo. Eso hizo toda la diferencia para mí, para poder decirle a mi familia y para sentirme fuerte cada vez que lo compartía; a pesar de la incertidumbre, sentir que estaban ahí me hizo poder pensar en otras cosas: ¿qué voy a hacer? ¿qué va a pasar con mis sueños? ¿viviré lo suficiente? ¿cuánto es suficiente?

Muchas veces creí que nunca más iba a poder lograr mis sueños, estudiaba relaciones internacionales porque me encanta la diplomacia, la política internacional. La incidencia política es y será mi pasión siempre, pero yo no podía pensar más en ese sueño, creía que ya nunca lo lograría; cuando iba a renunciar a esos sueños me di cuenta de que aunque mis amigos y familia estuvieran ahí siempre, era difícil hablar de un tema del que ni siquiera yo conocía bien, la gente te hace preguntas de todo tipo y qué tal que piensan que soy esto o lo otro, o qué tal que me discriminan.

Comencé a trabajar más con organizaciones de VIH en México, lo empecé haciendo porque buscaba estar con más gente de mi edad que entendiera lo que me sucedía y cómo me sentía, en momentos me sentía tan triste que a través de las historias de los demás me sentía conectado a algo; desde ese momento entendí que era a través de esas historias que yo podía entender porqué sucedía.

Además de los medios de transmisión del VIH sabemos que hay muchos otros determinantes sociales que hacen a algunas personas más vulnerables que otras. Jamás pensé que la pasión por esas historias y su conexión con la vida cotidiana me hicieran entender lo que deseaba -y deseo- hacer el resto de mi vida: cambiar esas historias de discriminación y estigma, porque estoy seguro de que cualquier otra enfermedad crónica provoca compasión ¿pero el VIH? Es que tiene tanto que ver con otras cosas, con tantos otros niveles de discriminación, violencia o vulnerabilidad, que no siempre provocan compasión en la población en general.

Tengo 28 años y desde hace siete vivo con VIH, desde el segundo mes mi pasión en esta nueva vida ha sido trabajar por este nuevo sueño: quiero que cualquiera en cualquier sitio pueda compartir su estado de VIH sin tener que perder su trabajo, sin tener que dejar su casa, sin ser rechazado por sus amigos, ni cuidarse del qué dirán y de cómo le va a decir a esa persona que le gusta: “Tengo algo que decirte”; que sólo por tu orientación sexual o género seas más vulnerable a adquirir VIH o de que los servicios de salud, o cualquier instancia de gobierno, te sean negados sólo por ser quién eres.

Hay cosas adversas de vivir con VIH, pero también eso me ha renovado la pasión por vivir y trabajar porque todos y todas tengamos esa misma oportunidad, esa pasión me ha llevado a conocer a más jóvenes que comparten ese mismo sueño, a estar en comunidades que nunca pensé que estaría; platicar y trabajar con personas sobre las que siempre leí en el periódico, vi en las noticias o leí artículos de investigación, nunca pensé que iba a estar sentado aquí, viviendo en Amsterdam, lejos de mi país, trasformando esas historias en programas, incidiendo porque esas voces cambien las políticas públicas y acaben con la discriminación y el estigma.

Por supuesto que no ha sido fácil, no ha sido nada fácil, puede llegar a cansar un poco vivir con VIH y trabajar todos los días en algo relacionado a eso, pero ni me avergüenzo, ni me arrepiento. El ¿por qué a mi?” y “el nunca me va a pasar” ya están resueltos para mí.

Es estando lejos de mi país que he vivido una de las experiencias más grandes, aparecer en un comercial de TV que se transmitió en todo Holanda, por todos los canales por casi dos años, y estar en paradas de autobús por todo el país, con mi historia…mi historia estaba ahí, mi nombre estaba ahí, yo estaba sosteniendo un mensaje en Holandés que decía: “Nunca pensé en el VIH, hasta que lo tuve”. La primera vez que lo vi no podía creer que era yo y que ese era mi statement, yo sentía que entre líneas quería decir: “Nunca digas nunca, porque a todos y todas nos puede pasar”.

Después de eso mucha gente me reconocía y me llamaba por mi nombre en la calle, las personas siempre me dicen: “¡Qué valiente!” pero yo no creo que sea valentía, estoy seguro de que es de coraje, de coraje de todas las injusticias que he visto y otras que he vivido. Porque sé que hay gente que puede hablar bien o mal de lo que cada quien piensa que significa vivir con VIH, pero al final eso también es lo que necesitamos: hablarlo, pero hablarlo desde la información, hablar de sexo, hablar de violencia, hablemos de esas cosas que nos incomodan, es la única manera de entender que están aquí, entre nosotros, y que son parte de nuestra vida.

Al final, ¿quién piensa que le va a pasar? te pregunto: ¿puedes ser tú la persona con mi historia?” “¿Qué harías si hoy te enteras que vives con VIH? Casi todos y todas hemos tenido sexo sin protección alguna vez, y creemos que estamos bien porque es con nuestra pareja, con nuestro esposo, con nuestro amigo o amiga, con nuestro vecino, siempre es con alguien que conocemos y si no, es con alguien que se veía sano o sana. Nunca digas nunca, o nunca me va a pasar.

Siempre recuerda que nos puede pasar a cualquiera, busca información de fuentes confiables y combate la discriminación y la desinformación desde dónde estés, desde tu familia, con tus amigos, en tu vida cotidiana. Una buena manera de apoyar la respuesta al VIH es no juzgando o hablando mal de quién te rodea sin saber qué hay detrás de cada historia, de cada ser humano. Por que el VIH no es sobre ser gay, lesbiana, transgénero, bisexual, usuario o usuaria de drogas, trabajador o trabajadora sexual, migrante, indígena o sólo por ser diferente, VIH es sobre seres humanos y ese podemos ser cualquiera…

Nunca digas nunca….

Gracias, Ana, por dejarme usar tu espacio y siempre estar aquí, te quiero. Con mucho amor para mi familia y amigos que me esperan con mucho amor en México. ¡Ya voy de regreso!

Pablo T. Aguilera es el director ejecutivo de HIV Young Leaders Fund, una organización internacional, establecida en Ámsterdam, que trabaja apoyando proyectos de jóvenes afectados y afectadas por el VIH en países en desarrollo. Es co-fundador de la Red Latinoamericana de jóvenes viviendo con VIH y ha participado en espacios de toma de decisión internacionales como la Asamblea General de las Naciones Unidas, la junta coordinadora de ONUSIDA y la junta directiva del Fondo Mundial.

Pablo ha compartido paneles y foros de discusión con personalidades como Kofi Annan, la princesa Mette-Marit de Noruega, la reina Rania de Jordanía, la doctora Margaret Chan, entre otras personalidades de la política internacional y el mundo científico.

“Pablo gracias por compartir tu historia, todo mi amor y admiración siempre. Ana”

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  1. Una historia q le cambia la vida 180° a cualquiera, pero no cualquiera tiene las agallas para luchar, contra la discriminación y contra la injusticia. Y totalmente de acuerdo con el “nunca digas nunca”, porque puede suceder. Siempre es un gusto leerte Ani, lindo día, Besos.

  2. Wow, y si nunca pensamos q nos pueda pasar a nosotros, hasta q todo esta hecho, me encantó y felicidades por todos tus logros!!

  3. Lo bueno de que existan personas admirables es que al mismo tiempo se convierten en fuentes de inspiracion.

  4. Mi admiración por siempre para ti Pablo.
    Ana mil gracias por esto y por todo,desde hace un año que empezó Diarios en Tacones lo he dicho,leer tus textos son la mejor terapia que puedo tener.

  5. Nunca digas nunca…. tengo el orgullo y la Bendición de ser mamá de Pablo… y lucho brazo con brazo con el para erradicar la discriminación en todos sentidos, es admirable todo lo que ha logrado…

  6. Tan importante es cuidarse que pasa por amar a los demás y amarse a uno mismo.
    Eres un valiente me encantó lo que escribiste.
    Ana, eres tan guapa como generosa, un beso.

  7. Pablo, te felicito doblemente por tu valentía y éxito y por ser hijo de una gran mujer, mi amiga Monica, los quiero!

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