Cada quién

marielabuena

La semana pasada platicaba con una amiga a la que quiero muchísimo –sí, amo a mis amigas– sobre la vida personal y sexual de una compañera en común. Se lo dije ese día y se los digo a ustedes: me pongo muy malita cuando se habla de la vida personal y sexual de una mujer, y en este caso sí hago diferencia con los hombres (no porque no me moleste que hablen de la suya, sino porque tiene un contexto muy diferente).

Tampoco digo que yo sea santa Mariela y que nunca he chismoseado de la vida de las personas, de las mujeres, pero sí es cierto que cada vez lo hago menos. Y es que me sorprende cómo somos nosotras mismas las más interesadas en desprestigiarnos ante el mundo. Lo peor es que la mayoría de las veces no conocemos de cerca o de la fuente principal el contexto, ni las 24 horas, los 365 días de la vida de nadie, más que de la propia.

Sí, el chisme es rico, pero juzgar a las personas es lo que ya no me gusta. Porque ¿quién dice que una mujer es más o menos si se divorcia, si anda con un hombre –o una mujer–, si deja al novio por otro, o si le gusta estar sola?

Es que por afuera las cosas siempre se ven diferentes, pero cuando una está adentro, entonces sí se pone bueno…más bien, feo. Ahí les va: los motivos de mi divorcio, que tal vez algún día les contaré, fueron unos, pero a las pocas semanas de separada me enteré que el “verdadero motivo” fue que le pinté el cuerno a mi ex con mi mejor amigo del mundo mundial. ¡Toing! Me cayó como balde de agua helada –o hirviendo, no sé–.

El rumor salió de la boca de un hombre –poco hombre, debiera decir–, pero lo peor del caso no fue eso, sino que mujeres, incluso amigas, creyeron en el chisme; debo decir que la mayoría de ellas no lo repitió, pues simplemente no lo creyó –una gran amiga fue la que me lo contó, indignada con la fuente–, pero otras lo creyeron o dudaron, y no me preguntaron. No sé por qué ni me importa, entiendo que en el día a día, en la inercia del chisme una va creyendo y después juzgando por la vida.

Nunca le fui infiel a mi ex esposo, pero eso es lo de menos. Si lo hubiera sido es mi problema –y de él–. Después de separada he salidos con pocos –tres– hombres, pero si hubiera salido con 10, y si con todos hubiera tenido mis queveres, es mi asunto, de nadie más. Porque eso no me hace ni peor ni mejor persona, porque nadie (o muy poca gente) sabe el verdadero motivo de mi divorcio, porque pocas saben por qué quiero o no tener novio.

No entiendo por qué les gusta juzgar al respecto: ¿qué más da si una mujer se acuesta con 20? Mientras ninguno sea el de una, o mientras no esté abusando de ninguno, o no haya menores de edad entre esos personajes, a mí me da idéntico. Eso no la hace mejor o peor persona, insisto. ¿Qué más da si una mujer decide no tener una relación de pareja? Ah, porque eso también les pica: ¿será lesbiana? ¿quedó traumada de por vida? ¿es una amargada?

Paren ya. Dejen que cada una hagamos de nuestra vida un papalote, siempre y cuando no afectemos a nadie. Y antes de creer, hablar y juzgar, tratemos de conocer mejor las circunstancias que rodean al hecho. Sugiero.

O mejor: acerquémonos a preguntarle a la susodicha si tal o cual cosa es cierta, y ya si las ansias nos comen, averigüemos con la fuente principal por qué actuó de tal manera…ojalá no nos mande al diablo por metiches.

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