¡Felicidades, Maestro!

janetbuena

Cuando escuchaba a mi madre, y hasta a mi suegra, decir que en gran medida los logros de sus ex maridos eran gracias a ellas, me parecía exagerado.

En el caso de los hijos, sí, me queda claro que más del 50 por ciento de esos triunfos se los debemos a los padres. Desde el simple hecho de que nos dieron la vida, pasando por la más que complicada elección de escuela, el inculcarnos valores, ponernos el ejemplo y muchísimos etcéteras, pero ¿en el caso de los maridos?

Tengo la suerte de trabajar en lo que quiero y me gusta por decisión, pues cuando nacieron nuestros hijos, mi esposo me dio la alternativa de que me saliera de trabajar sin que con ello cambiara nuestro estilo de vida, pero preferí seguir activa en lo laboral, por lo menos unos años. Entonces, fue ahí cuando me hicieron click esas frases de las mamás. Sí, tienen mucha razón, cada logro es en equipo.

Evidentemente, el doctor o mi suegro no hubieran podido llegar hasta dónde están, profesionalmente hablando, sin que ellas se hubieran quedado en casa, al pendiente de esta y a cargo de los hijos.

En mi caso, cada que cierro una revista y que los tiempos no me favorecen, Luis trata de salirse temprano de la oficina para relevar a la nana y que yo me quede en la redacción hasta terminar. Lo mismo pasa cuando es él quien tiene que cerrar o avanzar muchos pendientes.

Y sí, más de una vez nos toca decir: “¡Gulp! Y ahora ¿cómo le hacemos?”, sobre todo cuando la nana nos deja colgados o alguno de los niños está enfermo, pero esos son los triunfos que se disfrutan más.

Hoy, después de dos años de dividirse entre casa, trabajo y escuela, hacer tareas y, además, tener un gran proyecto a cargo, como el rediseño del portal del periódico; de desvelarse o quedarse el fin encerrado en casa leyendo lo que pidió el profesor, de perderse muchas noches en familia, entre otras varias otras cosas, Luis tiene en sus manos el título de su Maestría en Periodismo.

¡Lo logramos! Sí, me lo adjudico, porque fui parte de esos dos años, así como mis hijos también. Mi Julia menos, por su edad, pero hasta ella formó parte de esta historia. Cómo olvidar el día que, como a las 6:00 de la tarde, luego de salir corriendo de la oficina, pasé por Rodrigo y nos adentramos al tráfico de la ciudad, en jueves y con lluvia, para llegar al lugar donde Luis tomaba sus clases y darle la noticia de mi embarazo. ¡Ella estuvo ahí!

O esas noches en que Rodrigo se quedaba dormido esperando a papá o se iba a dormir sabiendo, y entendiendo, que papá estaba estudiando y esa noche no lo vería.

Así, cada uno desde su trinchera apoyó al marido para que lograra dar un paso más en su vida académica. Hoy, los tres nos sentimos más que orgullosos del gran Maestro, papá y esposo que tenemos en casa.

¡Felicidades, Maestro! si siempre te he admirado, ahora mucho más. ¡Felicidades, familia! y, no menos importante, ¡Felicidades, suegro!

Foto Janett

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  1. Conmovido, simplemente conmovido.

    Podrá sonar a cliché, pero aquella frase de “todo se lo debo a mi mánager”… aplica aquí. Mi esposa ha estado ahí, dispuesta, noble, atenta, preguntona, cómplice, entregada, desvelada, motivadora, entera. Dos años en los cinco que hemos compartido y en los que ella me ha apoyado.

    Como bien dice, en este pequeño arbusto familiar intentamos darnos apoyo, sostén, consejo y auxilio, todo envuelto en un amor que hemos engendrado en forma de dos hijos maravillosos que, por supuesto, son parte de este logro.

    Yo me quedo con mi familia, hoy y siempre, como mi máximo logro y, aunque ahí no llego ni a licenciado, al menos sí me esfuerzo día a día por ser un buen esposo y un mejor padre. No siempre me sale, pero eso sí, siempre le damos para adelante.

    Los amo tanto como tantas veces les digo “gracias”.

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