Trabajar en un hotel

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Era el verano de 1996 yo tenía varias razones para querer cambiar de aires y me fui a Acapulco a hacer prácticas al Hotel Acapulco Plaza (ahora Crowne Plaza), que en ese momento era uno de los mejores; eran vacaciones y temporada alta, así que había mucho qué hacer.

Entre dos amigas y yo rentamos un departamento, dos amigos alquilaron otro cerca; ellos trabajarían en el Fiesta Americana, eran los dos hoteles del grupo Posadas.

Aunque muchas noches salimos de antro y terminábamos tarde, nunca falté o llegué tarde a trabajar, despertaba temprano, antes del amanecer, y salía a caminar a la playa, después me vestía de blanco y tomaba el camión que me llevaba. Había un rol para pasar por todas las áreas del hotel; las visité todas, menos mantenimiento, el manejo me sigue encantando, sobre todo porque soy una persona que todo el tiempo estoy en la planeación y organización de las cosas.

No se imaginan si siquiera – a menos que ya hayan trabajado ahí– lo que implica un cuarto limpio, áreas funcionando, cocina sirviendo a diferentes restaurantes y room service, entre otros.

Las oficinas de amas de llaves estaban en el sótano, ahí empezaba el rol, donde se repartían los cuartos para limpiar…la sorpresa venía al abrir cada puerta. ¡Dios! Pobres mujeres, pensaba, cada que entraba con alguna de ellas y veía las condiciones en las que dejaban los cuartos; encontrar comida podrida era lo de menos, todas esas asquerosidades que se pueden imaginar…pues multiplíquenlas. Las camaristas no tenían que advertirme que no tocará nada, que fuera muy cuidadosa, este y el departamento de Lavandería fue de lo más pesado, y eso que no hacia el trabajo rudo: estaba ahí, lo supervisaba y me encargaba de alguna actividad, pero en lavandería no me dejaron más que dos días, pues la temperatura en el sótano, con máquinas trabajando, es mortal; la gente tiene que estar con suero y bebidas para hidratarse.

En Recepción también duré poco tiempo y, por suerte, me mandaron más tiempo a Relaciones Públicas; ahí se atendían a los clientes especiales y se decoraban sus cuartos, mandaban regalos, hacían llamadas para ver sí todo esta bien, etcétera. Eso era más lo mío.

Cuando pasé a Concierge me dijeron: “Aquí el cliente te va a pedir de todo. Tienes que ayudarlos en lo que sea, mientras no atente contra tu moral y la del hotel”. Pensé: “¡Qué raros!” Entraba a las 7:00 am a una oficina en la que, junto con dos muchachos más que también estaban trabajando temporalmente, nos encargábamos de contestar las llamadas y atender a quien llegaba a pedir algo: reservaciones en restaurantes, datos sobre vuelos, horarios de diferentes cosas, direcciones, distancias. Los días más ocupados eran los fines de semana, la mayoría de los que hablan son hombres pedían desde una prostituta (cosa imposible de conseguir) hasta algo para la cruda. ¡Sí, así! Y claro, ahí entendí a qué se referían cuando me hablaron de moral.

Un día llegaron tres hombres a pedirme un sacacorchos, les dije que en el lobby estaba prohibido descorchar y tomar bebidas alcohólicas pero que con gusto se los hacía llega a su cuarto. La respuesta fue: “Lo subes tu, porque te queremos invitar a que te tomes una copa con nosotros”. Está de más decir que no estaba dentro del plan de trabajo ni mío subir a un cuarto con tres hombres, después de esa experiencia, mis compañeros contestaban las llamadas de esa habitación y yo tenía que estar alerta. En otra ocasión, un cliente pidió un control remoto, y cuando subí a entregarlo salió desnudo…la intención era obvia, pero no fue su día de suerte.

Cuando me toco áreas públicas dije: “¿Qué voy a hacer? ¿Miss de aerobics?” Decidieron que mi lugar sería en las toallas, sí entregando las toallas para la alberca. ¡Cómo me divertí! Mi compañero era Ángelo, que además de hacerme reír todo el día, se encargaba de espantar a cualquier rabo verde que se acercara. Yo traía un gafete que decía “Trainee”, un día un hombre que ya llevaba varios días diciéndome piropos, me dijo: “¡Trainee, qué bonito nombre! ¿Francés?” ja ja ja. Ángelo se encargó de decirle que sí era francés y que yo hablaba poco español ja ja ja.

Al final estuve en el área de Kids Club, me impactó tener niños que dejaban desde las 9:00 am que iniciaba hasta las 6:00 de la tarde, que terminaba, era pesadísimo; los niños no sabían a que hora iban a recogerlos sus papás. Se los pueden imaginar preguntando 50 veces: “¿A qué hora vamos a la alberca?” “¿A qué hora vamos al mar?” “¿Dónde están mis papás?” A qué hora todo, y yo sin respuestas. Una vez, un papá me dijo que si podía trabajar en la noche, le dije que salía a las 6 pero que no tenía permitido quedarme con niños por las noche pero que había nanas que lo hacían y le podía recomendar a una señora que era muy linda; me respondió que no era para cuidar al niño, sino para salir con él. Estaban de vacaciones y ¡no querían perder el tiempo!

Estar en teléfonos fue de lo peor, atender un conmutador y estar entre paredes todo el tiempo sin una sola ventana, definitivo no es lo mío pero me aguanté mientras duró.

Y como en todos los lugares hay las historias guardadas: “¿Por qué ninguna camarista quiere el rol de los últimos pisos del hotel?”

Esa fue mi pregunta y la respuesta…Se las daré en mi siguiente post…

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  1. Jjajajaa, cierto, nos dejaste con la intriga, pero muy buen post. Yo me la vivía con mis padres en aquel hotel, era de lo mejor, según yo, en el área de la Costera. Ya después Diamante se comió el mercado.

  2. ¡GUAU QUE HISTORIA!.. ¡TREMENDA!.. SEGURO TE RESERVASTE MUCHAS COSAS POR TIEMPO Y ESPACIO.. ¡PERO TE FELICITO, SIN DUDA ERES ALGUIEN DE ÉXITO ¡YA QUE SUPISTE MANEJAR Y CUIDAR MUY BIEN ESAS ÁREAS Y SOBRE TODO GUARDARTE COMO PERSONA Y MUJER!

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