¿Trabajo o no trabajo? He ahí la cuestión

pambuena

Algunas personas creen que no trabajo, que sólo me dedico a cuidar a mis hijos. Otras más suponen que soy una mantenida con la vida tan cómoda, que sólo estiro la mano para recibir dinero, hacer los pagos y ocuparme de las cosas de la casa, como si eso no fuera un trabajo en sí mismo, pero bueno. En contraparte, hay quienes creen que el hecho de quedarme en casa es mi trabajo.

No coincido ni con unos ni con otros. Lo de ser una mantenida, además de provocarme un ataque de risa no vale la pena explicarlo porque es una absoluta estupidez basada en la ignorancia pura y una vil agresión. Respecto al segundo punto, en lo personal no considero ni la maternidad ni la crianza como un trabajo, primero porque no recibo un pago a cambio de eso, pero además tampoco es opcional hacerlo con otros críos que no sean los míos; mucho menos es algo a lo que pueda renunciar. Pero, sobre todo, porque la crianza es una tarea que nunca acaba, que no tiene fecha de caducidad ni algo de lo que pueda decir: “Por hoy fue suficiente, continúo el lunes”.

El tema de las cosas de la casa o trabajo doméstico es otro cantar del que ya he hablado antes y tampoco lo considero mi trabajo.

Así que después de ser periodista intensamente durante 10 años, continuar con el oficio como freelance y luego dejarlo todo para dedicarme a la crianza –porque en este país la conciliación es imposible–, hoy no tengo un trabajo remunerado.

Hace algunos años decidí abrir un blog, Maternidad al extremo, cuando no estaba de moda y apenas unas cuantas personas sabían lo que era esto de bloguear. Decidí escribir sobre la crianza de mi primer hijo para archivar los momentos importantes, la cotidianidad, y para que cuando fuera grande, él pudiera saber de su vida y de cómo la vivimos en familia. Mi intención era, literal, llevar una bitácora de mi maternidad que me tenía maravillada.

De hace cinco años a la fecha ese blog ha vivido mutaciones, ausencias muy largas…reapariciones momentáneas y hace medio año, retomé el camino. Finalmente decidí asumirme como una #mamábloguera, impulsada por la ola de madres blogueras españolas, otro poco por las mommybloggers de Estados Unidos y un poco más porque muchas amigas que apenas están teniendo hijos, además de que llevo poco más de un año escribiendo un post semanal exclusivamente sobre maternidad y crianza para mis queridas amigas de Psicoprofiláxis Montaña.

Hay quienes dicen que se puede convertir en un trabajo remunerado; a muchas les ha funcionado pero para eso hay que trabajar harto antes de ver un peso, lo bueno es que en el camino me he divertido mucho. He aprendido y he compartido penas, alegrías y preocupaciones con otras mamás que jamás en mi vida hubiera conocido de no ser por el internet, el blog y las redes sociales.

No sé si algún día vuelva a tener un empleo remunerado, o si en el camino me vaya inventando uno o varios. A veces se me dificulta mucho no tener un ingreso financiero, especialmente en estos tiempos de crisis económicas, pero todo pasa y desde que dejé de respirar periodismo he descubierto un par de pasiones que podrían convertirse en un gran trabajo.

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  1. En el momento en que la satisfacción se base en la remuneración per se y no en la actividad por la cual uno es remunerado, todo se joderá.

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