Enemigo silencioso

janetbuena

“El espejo se convierte en tu enemigo. Estar parada frente a él resulta un verdadero martirio, es como si diversas vocecitas salieran de algún reflejo”.

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Hoy me levanté tarde, como de costumbre, me dirigí al baño y antes de tomar el primer vaso de agua del día, me subí a la báscula para ver si durante la noche había logrado desaparecer algún kilo indeseable de mi cuerpo, o por lo menos algunos gramos. ¡Sorpresa! 400 gramos menos. “Pero si serás tonta, todos pesamos menos al despertar”.

Bajé a la cocina, desayuné cereal integral con leche light, discutí con mi hermana sobre su peso (me choca que no le preocupe su físico) y me subí a ver la tele, no sin antes agarrar una torre de galletas de chocolate.

No sé por qué últimamente mis peleas con mi mamá son muy frecuentes, todo me pone de malas, sobre todo cuando se acerca la hora del baño o me tengo que cambiar para salir.

Tres pares de jeans diferentes, faldas, vestidos, shorts, blusas, playeras, camisas… nada me queda bien. Me veo fatal, más gorda que Peggy o Babe, el puerquito valiente. Termino eligiendo pants o unos jeans combinados con una playera floja, tipo atuendo de embarazada. Creo que me siento mejor, mínimo disimulo un poco la detestable panza que he desarrollado recientemente, aunque mis amigas y mi mamá se empeñan en decir que no es así.

Mientras me como la primera barra de Snickers, me veo en el espejo para descubrir qué tan rápido hacen estragos en mi cuerpo los cacahuates, caramelo y cacao.

Voy a la escuela, salgo con mis amigas, veo tele en mi casa, acompaño a mi mamá al centro comercial, voy al cine, platico con mis amigos por teléfono, hago mil cosas diferentes, pero al final termino buscando en la red el nombre de las últimas pastillas para bajar de peso, las cuales, obviamente, compraré mañana y sumaré a mi lista.

Tés, laxantes, pastillas, cápsulas, el jugo milagroso de las estrellas, cremas, geles corporales, jabones, los pants plastificados para sudar más, la dieta de la manzana, sopa de cebolla y a otros miles de remedios he acudido para perder peso. Muchos me han funcionado, otros sólo me hacen perder dinero y esperanza.

La verdad, he de confesar que recientemente comencé a emplear otra técnica, he escuchado que funciona. Me da un poco de asco, pero los resultados valdrán la pena. Sí, he comenzado a vomitar.

Procuro siempre traer en mi bolsa un popote, y, cuando estamos en un restaurante, al terminar de comer me levanto, espero a que no haya nadie y me provoco el vómito. A veces, cuando estoy con mis amigas, prefiero ahorrármelo y les digo que acabo de comer, aunque muera de hambre. Es mejor aguantar un rato, al fin y al cabo al llegar a casa me esperan mis barras de chocolate.

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Las peleas con mi mamá siguen siendo constantes, no sé qué pasa. Por otro lado, ayer me invitó a comer mi novio, al final se enojó un poco porque pedí una limonada sin jarabe ni endulzante, una botella de agua natural y una ensalada, pero dejé la mitad. Dice que le choca llevarme a que lo vea comer, pero ,de verdad, por más que lo intento, no puedo. Siento que si como algo voy a subir de peso y tengo que seguir gustándole.

Hoy odié a mi hermana, creo que me escuchó vomitar en su baño porque después de la comida mi mamá se comportó muy rara, no me dejó levantarme de la mesa, todos me hicieron plática y cuando por fin logré escaparme, mi hermana subió detrás de mí y se hizo tonta en la recámara.

Soy fan de los chocolates, no lo puedo evitar, me he comido cinco durante el día y creo que en unos minutos iré por el sexto.

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Mis padres descubrieron que estoy vomitando, mi papá dice que haga ejercicio y me deje de tonterías; mi mamá se enojó, me regañó y ahora se la pasa detrás de mí como nana. Hace rato los escuché discutiendo, él le decía que no me obligara a comer y ella le exigía que me llevaran a una terapia. ¿Para qué? No sé, obvio van a tirar su dinero porque yo no quiero ir.

Mañana llega mi prima, estará con nosotros unos días en la casa. Me han dicho que tiene buen cuerpo, que se ha desarrollado muy rápido, en cambio yo, sigo más plana que una niña y más gorda que una pelota. En fin, un chocolate para distraer el hambre nunca cae mal.

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No lo puedo creer, mis papás me llevaron con una psicóloga, pero claro que no le dirigí la palabra, ¡pues qué se creen! Estoy harta de tener que dar explicación de mis actos a todos, harta de que me cuiden como a una niña, harta de estar gorda y ver que no entro en mi ropa o no me queda igual que hace un año.

Me volví a pelear con mi novio porque dice que sólo hablo del peso, de dietas y de cómo no engordar. Eso no es cierto, también hablo de otras cosas, pero él no me entiende. Dice que me preocupo mucho por todo, que me enojo muy rápido y con mucha frecuencia.

Y así…muchas son las historias, anécdotas y días de una persona que padece algún trastorno alimentario. Es triste ver que las cifras de muertes por anorexia o bulimia van en aumento.

La niña de esta historia sobrevivió, pudo controlar a tiempo la enfermedad y, a pesar de que aún se preocupa por su peso y llega a afrontar crisis, gracias al apoyo de su familia hoy está viva, pero ¿cuántas personas no reciben a tiempo la atención?

Ser bulímic@ o anoréxic@ no es nada sencillo, no es algo que esté de moda, no es una opción; es un infierno que se vive y enfrenta diariamente, una pelea constante contra sí mismo. Es un problema, una enfermedad que muchas personas se rehusan a aceptar.

Existen signos de alerta para detectar cuando tú o una persona cercana a ti está viviendo un trastorno alimenticio.

* Pesarse a diario y cambiar de estado de ánimo de acuerdo con lo que arroje la báscula.

* Ayunos prolongados o atracones con culpa.

* Ejercicio físico excesivo y conductas de purga (vómitos, laxantes, diuréticos).

* Comer demasiados alimentos en poco tiempo y de forma ansiosa.

* Ir al baño de forma sistemática después de la comida o mientras se está en la mesa.

* Ojos llorosos constantemente.

* Irritabilidad general.

* Dificultad para concentrarse.

* Cambios de ánimo drásticos, especialmente al hablar de alimentación o vestimenta.

* Amenorrea.

* Sentir frío constantemente.

* Experimentar pérdida de cabello cuando antes no sucedía.

* Desgaste de dientes o pérdida de esmalte ocasionada por el vómito.

* Ensanchamiento en la parte inferior del rostro.

Para más información, visita la página de la Fundación Ellen West, uno de los pocos centros de ayuda en México para jóvenes que padecen algún trastorno alimenticio.

Nota: Un fragmento tomado de “Diario de una Barbie”, de Me lo dijo La Escribidora

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