Frente a frente

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A veces me odio y me reprocho muchas cosas, soy mi peor verdugo, tanto para mis actos como para mi propio reconocimiento; nunca me ha gustado mucho mi cuerpo, siempre le encuentro un algo: demasiadas cicatrices, tan poquita tinta, no me gusta mi color disparejo, tampoco me gusta mi nariz –eso medio mundo lo sabe–, me choca, me distrae.
Siempre trato de esconder mis ojos y más últimamente porque los desvelos ya dejaron huella permanente debajo de ellos.

Mi boca…a veces me gusta, a veces no, siento que no tengo la sonrisa más dulce del mundo y además tiene tendencia a dejar salir las más hirientes palabras hacia la gente que quiero.

Mi cabello, ¡Ufff! es todo un tema: es demasiado, se enreda fácilmente, se cae mucho, tampoco es mi mejor arma.
Mi cuello me parece corto y es el sitio blanco de mi estrés al igual que mi espalda, que como ni me la veo, no sé si me agrada o no.

¿Qué sí me gusta de mí?

Mi mirada, creo que expreso mucho con ella junto con mi voz y mi risa, no son escandalosas y con el tono, la gente que me conoce sabe perfecto si es tiempo de darme un time out.

Me gustan mis lunares y pecas, son como manchas de jaguar.
Me gustan mis pechos, alimenté a tres bebés con ellos y ahora que están de nuevo en su sitio (Gracias, R.) me gustan más.
Me gusta la forma que he ido tomando con el ejercicio; no, no seré modelo nunca, y jamás volveré a ser talla cero pero me agradan mis curvas, aunque a veces me gustaría ser más fina y plana porque la ropa se ve mejor.

Me gustan las marcas en mi abdomen, esas que indican que mi útero fue ocupado, aquellas que me recuerdan en todo momento que tuve a otros corazones latiendo dentro de mi ser además del mío.

Me gustan mis piernas y lo que hay abajito de la espalda, antes no porque las consideraba demasiado delgadas/planas, ahora es lo mas fuerte que tengo; mis piernas son mis alas, mis llaves hacia la libertad, al igual que mis pies a los cuales jamás les había prestado tanta atención y cuidado como hasta ahora.

Me gusta mi cerebro, el canijo me ha llevado hasta donde estoy, a veces se confunde, el guey (y muuuucho), hace que me equivoque al grado de que no haya punto de retorno, pero finalmente así como ha llegado a enlodarme, así me ha sacado adelante, de alguna u otra forma; no está tan dañado (aún) y es fuerte como la chingada.

Me gusta mi corazón, y no me refiero a ese órgano de cuatro cavidades que bombea sangre, creo que no lo tengo tan podrido y si me saben llegar, aunque sea sin sentido o erróneamente lo ofrezco sin compromiso.

En realidad, a estas alturas de mi vida, a la mitad de la cuarta década, puedo decir que ya hay más cosas de mí que me gustan, a diferencia de mis 20s en los que me odiaba todita. Tengo la seguridad de que conforme avancen los años llegará más aceptación, más tolerancia y tal vez me otorgaré el perdón sincero, porque ese, el propio indulto, es el más complicado de conseguir.

PD. Para hacer este texto, la escritora se paró frente a su espejo de cuerpo entero, completamente desnuda. Todo mundo debería de hacer este ejercicio por lo menos una vez al año.

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  1. Hola, que padre tu articulo, para mi es súper difícil señalar algo que me guste de mi, recuerdo perfecto un día que mi esposo me dijo dime 5 cosas que te gusten de tu cuerpo fue tan dificil, pero espero que con los años me reconcilie conmigo y llegue a amarme como soy. Besos

  2. Me gusta tu texto.

    Nos educan para no reconocernos lindas. Para poner toda clase de contra argumentos cuando alguien nos dice lo lindas que estamos o lo guapas que nos vemos… ah, no! no podemos solamente decir ‘gracias’, mucho menos confirmarlo, pues correríamos el riesgo de parecer engreídas. Luego lo que bien dices: somos nuestro verdugo. No hay quien nos juzgue más rudo… ¿Porqué no se vale reconocernos lindas? ¿Porque no se vale creernoslo? ¿Porque no responder “tienes razón” cuando alguien nos halaga?

    En fin! tu texto me deja pensando en todo eso… Gracias!!

    ah! por cierto, eres muy linda! 😉

    1. Parte de la búsqueda de la aceptación es el autorreconocimiento. Todas tenemos algo lindo, solo que no lo vemos a simple vista, según las circunstancias de la vida son las vendas. Gracias por leer y por la flor.

  3. Tuve a mi hijita hace 4 años y me dejó todo mi vientre lleno de estrías al principio lo odiaba, ahorita al leer tu texto estoy conmovida pues se que fue ocupado por la persona que más amo en el mundo. Gracias

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