Se nos fue

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Por Ethel Muñoz*

Siempre peinada con una trenza que empezaba a tejerse desde la nuca y le llegaba más allá de media espalda, sin flequillo, sin lentes, unas cuantas pecas asomándose en sus mejillas y una bolsa de chicharrones con mucha salsa Valentina, así se le veía caminar en los pasillos de la secundaria. No era de las populares, nunca llamaba la atención, ni era deportista, pero disfrutaba ver cómo las demás jugaban volibol en el receso y a veces, muy a veces, vencía su timidez para hacer un saque.

Si bien sus calificaciones no alcanzaban el sobresaliente, tampoco era mala estudiante. Su letra grande redonda y sus ganas siempre de estar haciendo algún dibujo en las páginas traseras de la libreta, rodeada de las mismas amigas platicando en las escaleras que daban al patio.

La conocí en ese primer año de secundaria, cuando las hormonas empiezan a hacer de las suyas y el dolor de cabeza de los padres se agudiza. Jamás le conocí un galán ni supe si le gustaba algún chico, no como aquellas adolescentes vivaces que suelen tener su primer novio en esos años, con o sin permiso de sus padres. Sin embargo, creo que en su caso, su familia quizás lo hubiera preferido.

Era un 9 de diciembre de 1996, días previos al día de la Virgen de Guadalupe y siendo estudiantes de un colegio católico era normal participar en actividades alusivas a la fecha, como ese día en la peregrinación de estudiantes. Pero ella no participó.

Apenas unas horas antes nos habían avisado que se la llevarían al DF, la esperaban tres horas de camino desde Zitácuaro, Michoacán. Tenía varias semanas sintiéndose mal y todos pensábamos que se debía a una gastritis provocada por tanta salsa Valentina que le ponía a sus chicharrones; empezamos a sospechar que no era eso cuando fuimos a despedirnos a su casa antes de que se la llevaran y la vimos pálida, débil y sin su trenza de siempre, sólo su cabello negro largo lacio suelto sin apenas ganas para sonreírnos.

Las cuatro amigas que fuimos a verla intentamos darle ánimos y decirle que pronto estaría bien, que le pasaríamos los apuntes en cuanto regresara. Al salir de su casa sólo nos miramos y una lagrimita rodó por nuestras mejillas.

Más tarde, caminando por las calles de nuestra pequeña ciudad no pudimos evitar romper en llanto por nuestra querida amiga que se acababa de ir a atenderse en el hospital La Raza; una chica de un grado mayor a nosotras atinó a decir:

–¿Y por eso lloran? ¡Llórenle cuando se muera!

¡Oh! ¡Cuánto la odié!

Así pasaron los días, iniciaron las vacaciones de diciembre, fui a pasar las fiestas decembrinas con mi familia a la ciudad. de México, recuerdo que el autobús pasó enfrente del hospital donde estaba mi amiga, aquel edificio con tantos ventanales; sentí ganas de detenerme para pasar a verla. Eran realmente muy pocas las noticias de ella, en esos años la comunicación y la tecnología no daban para mucho.

La siguiente noticia la tuve una mañana de 6 de enero.
Apenas eran las 8 de la mañana cuando sonó el teléfono de la casa, fui yo quien tomó la llamada y era la voz quebrada de Gaby, la prima de Martha Cristina: “Se nos fue amiga… ¡Se nos fue!”

¿Que no se supone que tus amigas te llaman para decirte que otra amiga se murió cuando ya tienen más de 80 años? ¿Cómo era posible que mi amiga estuviera muerta? ¿Era una muy mala broma? ¿Ahora sí podía llorarle como dijo aquella tonta del colegio?

Todo lo siguiente pareció transcurrir tan rápido y la mente borra lo que no alcanza a comprender: no sé si fui al velorio ni al entierro. Seguramente sí.

Apenas recuerdo haber platicado con Gaby sobre la pérdida de cabello que sufrió durante ese mes que estuvo en tratamiento de la leucemia que padecía, esa que se la llevó en apenas un par de meses; me contó que los de OV7 habían ido a visitar a los enfermos del hospital antes de que falleciera y habían platicado con ella. Aún guardo la calculadora que me envío como obsequio mientras estaba en el hospital y le pidió a su mamá que nos comprara algo.

He ido a visitarla un par de veces al panteón donde está el epitafio en su tumba, ese mismo que ella escribió durante un ejercicio que hicimos en un curso de religión, sin saber que esas serían exactamente las mismas palabras que estarían escritas en su tumba tan sólo un año después.

” Martha Cristina G. D.

24 jul 82 – 5 ene 97

Sus padres, hermanos, sobrinos y familiares ruegan por su eterno descanso.

 Esta persona murió en 1997 a los 14 años, se destacó por ser una persona bondadosa. Vivió la alegría y la tristeza, siempre amó a Dios y a sus padres. Jesús dijo: “Yo soy la resurrección. El que cree en mí aunque muera, vivirá. El que vive por la fe en mí, no morirá para siempre”

 Descanse en paz”

Después de más de 17 años, en ocasiones, cuando me veo frente al espejo me pregunto si aún seríamos amigas. Me gusta pensar que sí.

 

Foto Ethel

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Aunque no hay una cifra exacta sobre el número de casos de leucemia, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) estima que cada año en nuestro país se presentan siete mil nuevos casos en niños; 90 por ciento mueren sin haber recibido atención médica, según informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La leucemia es el cáncer más frecuente en menores de 15 años, aunque puede aparecer a cualquier edad.El trasplante de médula ósea es un procedimiento que suele realizarse en pacientes con cáncer en sangre o médula ósea (ya sea mieloma múltiple o leucemia), para eliminar las células enfermas o defectuosas e introducir células madres que produzcan glóbulos y plaquetas sanos.

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Mil gracias a las entaconadas por la invitación a escribir en este espacio, ha sido todo un honor.

 

*A @EthelMunoz le cuesta escribir de ella misma en tercera persona. Es mamá s1ngular de una pequeña de casi 4 añitos, llamada Ana Cristina. Ya blindó su corazón. Ingeniero químico que amó la radio durante 13 años de su vida y ahora se dedica a ayudar a otros a lograr tener un retiro pleno. Le gusta leer y le gustaría tener más tiempo para hacerlo. No tolera la mentira. Es virgo y le gusta cortarse el cabello cuando es luna creciente para que le crezca más rápido su melena. De vez en cuando escribe por acá

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  1. Muy emotivo ethel, ojala sigas escribiendo en este blog. Y ayudar a los enfermos de leucemia, existen muchísimos casos de leucemia y desgraciadamente la mayoría mueren, ojala el gobierno se aplique y apoye mas a los enfermos de leucemia!

  2. Qué bella historia de amistad y qué genial poder recordar tantos detalles de tu amiga, porque aunque fue un episodio triste, ese recuerdo que tienes de ella, hace que esté viva siempre para ti… Que hermosa forma de honrar su amistad poniendo su nombre a tu pequeña Xty 🙂 Abrazote!

  3. Hermoso homenaje para tu amiga y una valiosa reflexión para quienes te hemos leído, gracias por compartirla. Un abrazo Ethel.

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