Ya son seis

marielabuena

Pasado mañana, el miércoles 3 de septiembre, cumplo seis años de ser mamá; sólo de pensarlo se me llenan los ojos de lágrimas, de felicidad, por supuesto.

Durante los seis meses que estuve tratando de embarazarme y las 40 semanas que estuvo María en mi panza, me pasé pensando cómo cambiaría yo, mi personalidad y mi carácter, cuando me convirtiera en mamá. Cambió todo y, al mismo tiempo, nada cambió.

A seis años de que un bultito saliera de mí, me ha sorprendido cada día ver cómo un pequeño ser humano se va desarrollando, física, pero sobre todo emocional y mentalmente. Me encanta descubrir cómo María va aprendiendo y asimilando de la vida y de su entorno. Adoro su lógica, descubrir de dónde y cómo surgen todas esas preguntas o conjeturas que hace de lo que pasa.

Hemos pasado por todo su desarrollo –hasta donde va–, siempre tratando de que sea a su paso y en su tiempo. Hago lo posible por no forzar conversaciones o inculcar conocimientos que no le corresponden o en la medida en que no los entiende.

Aunque también hay conceptos que me importa mucho que le queden claros y que los asimile como parte de su existencia, de la vida diaria, como la diversidad. Por ejemplo: sé que no es momento de explicarle que las personas homosexuales, lo son porque tienen preferencias sexuales hacia otros de su mismo sexo; no tengo que detallarle aún qué es el sexo, pero desde hace un par de años sabe que “los niños se casan con las niñas, los niños con los niños y las niñas con las niñas”. ­Hasta ahí. Aunque ya el año pasado solita hizo la reflexión de que si dos niños se casan no pueden tener hijos ¡toing! Le expliqué que ellos pueden adoptar. Entonces exclamó emocionada con su hallazgo: “¡Qué suerte! ¡Si una niña se casa con una niña pueden tener dos hijos!”  ¿Cómo no amarla?

Hace un par de semanas, vimos en El Hormiguero a Daniel Radcliff y le dije que me gustaba mucho ese actor porque había hecho las películas de unos de mis libros favoritos: Harry Potter. Al día siguiente, en el coche –el lugar en dónde, para bien o para mal, compartimos muchos momentos y charlas­– me pidió que le contará de qué trataba; hice un resumen cortísimo. Pero el fin de semana antepasado, durante el show de una fiesta (odia los shows), nos salimos y me pidió que le leyera el primer libro. Lo encontré en internet y comencé a leerle, mientras Ariel y Sebastián sonaban de fondo en la fiesta de Carlita.

Desde hace una semana, cambiamos los cuentos que alguna de las dos leía en su cama antes de dormir, por Harry Potter y la piedra filosofal. A veces le cambio algunas palabras que creo que no entenderá, y otras le pregunto si está entendiendo lo que leo, “si no entiendo algo, te pregunto, mami”. Así lo hace. Y se ríe o pone cara de asombro en algunas partes. Cada que digo: “Ya, hasta aquí, a dormir”, se queja y quiere que siga leyendo. Al final siempre me hace una pregunta sobre la lectura.

María está creciendo y yo con ella, me encanta ir caminando a su lado y acompañarla en el camino…y ella a mí en el mío. Amo pensar y planear cosas para estar juntas, todavía me cuesta trabajo superar el hecho de que tengo pocas horas al día para estar con ella, pero es algo que seguimos trabajando las dos.

El miércoles nos vamos a ir de pinta a ver qué nos depara el día y qué quiere hacer; luego vamos a recoger a su mejor amiga, Paloma, con la que ya no comparte escuela, para que festeje con ella. Cuando le pregunté si quería que le pidiéramos permiso a la mamá para que se fuera de pinta con nosotras, me dijo: “Mejor en la mañana tu y yo juntas, y luego vamos por Palo para pasar la tarde”. Me derretí.

Amo que María sea una niña normal: no es la más fea, ni la más bonita; la más inteligente ni la más burra; la más sociable, ni la más antisocial; la más dejada ni la más abusiva; la más amorosa ni la más arisca; ni la más…ni la menos. Ella es. Y para mí eso es lo más importante.

Lo que más quiero en la vida –ya lo he dicho– es que sea feliz, que cuando se pare frente al espejo, se ame muchísimo, se reconozca como una persona imperfecta y perfecta a la vez, que se acepte tal cual es, y que siempre quiera ser mejor para sí misma, para nadie más.

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  1. Me encantaron tus dos últimos párrafos:
    1. Que sea un niñ@ “normal”
    2. Que sea una persona feliz
    Ufffff. Q difícil aceptarlo y sobre todo no querer q ellos sean y hagan lo que nosotros queremos o “pensamos que deberían hacer”.
    Gracias por la reflexión!

    1. Gracias, Edith. Muy difícil, de verdad. A cad momento estoy cuidando palabras y actitudes para alcanzar el objetivo. Aunque es imposible hacerlo todo bien.

  2. Mil felicidades a las dos por este festejo! Es de dos. Las dos, como dices, han hecho de la vida de la otra algo mas padre! Felicidades por la pinta, que la hayan disfrutado!! Besos muchos las quiero mucho! Y eso es muy cierto!

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