A ti también te pasa

Cada día me doy cuenta más y más que no sólo a mi me pasan cosas, o que no solo yo siento esto o pienso lo otro. Más allá de los sentimientos universales que todas podemos sentir y aunque cada quien tenga una historia única y particular, hay emociones y sensación de otros que podemos llegar a sentir a como propias.

Justo el fin de semana pasado, sin querer, acabé hablando horas con una persona a la que yo veía grande, segura de sí misma, realizada en casi todos los aspectos de la vida, exitosa dentro de esta visión de éxito que tenemos de “tenerlo todo” o casi todo, independiente, talentosa en muchos aspectos más allá de su trabajo y podría seguir y seguir con la lista.

Pero oh sorpresa, resulta que detrás de todo eso que brilla, porque sin duda brilla mucho, hay una persona con una historia que cuando la contaba, sin poder evitarlo los ojos se me llenaron de lágrimas, porque podía perfectamente sentir en mi estómago y en la garganta todas las emociones descritas sobre su infancia y adolescencia, como si fueran las mías.

No se trataba de un asunto de empatía, ojalá, no, se trató de que en  mi memoria se activaron recuerdos tan lejanos como cerrados bajo llave tenía. Y es que claro, recodar actitudes agresivas, violencia psicológica, y otras exigencias no son cosas que yo traiga presentes siempre.

Esas situaciones que me tocaron vivir, al parecer las vivieron más personas de las que yo hubiera pensado, no sé si sea generacional y no se trata tampoco de hablar mal de nadie, mucho menos de ocultar el pasado, el punto es que resultó ser que compartíamos emociones y sentimientos que han operado en contra de nosotras y a pesar de eso aquí estamos, pareciendo personas que duras que a veces somos más frágiles de lo que a simple vista se percibe.

Resultó ser que coincidimos también en partes no tan duras ni tan dolorosas, sino en nuestra labor de crianza, en la visión de un mundo diferente al que nos quieren vender, en la construcción de nosotras mismas, de lo que somos, de lo que queremos y de lo mucho que a veces nos cuenta reconocernos como personas completas.

Estoy segura de que no fue casual ni fortuito que nos conociéramos en estos momentos tan particulares de nuestras vidas, sucedió cuando tenía que suceder por muchas razones que no puedo escribir. No sé si son de esas personas que se quedan en tu vida para siempre o simplemente están para compartir un tramo de la misma, lo que sí sé es que me ha dado un gran regalo, la certeza de ser comprendida a cabalidad en tantas cosas de mi vida personal como no lo había sentido antes.

Creo que ya no voy a decir que esto u lo otro me sucede sólo a mi, aunque no lo vea, aunque no nos mostremos siempre con todo nuestro equipaje emocional, hoy sé que las personas podemos compartir inmensas alegrías, triunfos, proyectos y dicha, pero también nos pueden acercar nuestros dolores, nuestras tristezas, nuestras marcas emocionales más obscuras pueden ser un lazo lo suficiente fuerte para empujarnos a superarlas, para saber que aunque no borren nunca, tampoco tiene porqué definirnos.

Gracias querida, gracias.

 

Ilustración: Chup Chup

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  1. ME encanta que digas: y a pesar de eso aquí estamos, pareciendo personas que duras que a veces somos más frágiles de lo que a simple vista se percibe.
    Todas o la mayoría tenemos una especie de caparazón que solo las grandes amistades pueden ver.
    Siempre he creído que las cosas que vivi tenían una razón de ser, o al menos sacar de eso algo positivo, nos forjan o nos invitan a llevar una vida diferente a la que llevaron quienes nos criaron o nos llevaron por esa infancia/ adolescencia difícil,
    Después de todo son nuestros hijos los que están gozando de las ventajas de esa crianza que nos lleva a no querer repetir patrones en ellos.
    Que hermoso post, abrazos Pam.

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