Más vale tarde que nunca

Aceptémoslo, no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después. A las mujeres que somos mamás de cuarenta pareciera que nos queda de dos sopas, la resignación o tomar decisiones sanas para nuestra vida porque los cuarenta no es ni la mitad de nuestro respirar.

Es verdad, el cuerpo envejece, no podemos evitarlo, es parte de la belleza y la finitud de la vida; por más bótox que exista en el mundo el tiempo no para, pero entonces ¿estamos condenadas a una vejez de dolor, ausencia y dependencia?. No.

En un mundo donde millones de mensajes nos dicen “sé delgada” “sé joven” “sé feliz” “sé complaciente” hacer ejercicio por salud es rebelarse y así lo decidí yo. Un día pensé “ya tengo canas y debido a múltiples prejuicios nunca me había sentido realmente cómoda con mi cuerpo ya saben, genes norteños, mujer grandota, etc.

Últimamente me sentía agotada, cansada, no dormía bien, tenía colitis, este año me enfermé muy fuerte durante meses, primero bronquitis asmática, luego mega infección en el estómago… en fin una desdicha. A mí siempre me ha gustado bailar, salir en bici, caminar, cosas que dejé de hacer por clavada en mi trabajo, por ser mamá sola y porque la vida se pasa y cuando te das cuenta ya te duelen las rodillas, la espalda y no te puedes agachar a recoger el trenecito.

Sin embargo, hay dos grandes inspiraciones en mi vida, una, yo y la otra mi niño, no era cosa del otro mundo, empoderarse significa decidir y yo sabía que la solución estaba en mis manos.  Decidí que no iba a hacer caso a los mensajes, que soy hermosa y fuerte y que solo debo ser disciplinada y sacar lo mejor de mí como en los otros ámbitos de mi vida.

Me fui a la internet donde puedes encontrar de todo jajaja, encontré algunos blogs y personas de fitness inspiradoras y me decidí a dejar de poner pretextos, porque toooodas y todoooos tenemos no mil, millones de pretextos. En mi caso era el horario, que no puedo ir a un gimnasio porque ¿con quién dejo al nene? (además de que me choca estar rodeada de gente sudando jaja) no tenía tiempo para salir a caminar o hacer bici porque si no estoy trabajando o dando función o en junta, estoy intentando pasar algo de tiempo de calidad con mi hijo, en fin, solo restaba la noche y en la noche una ya está lo que le sigue de rendida pero analizando la situación no quedaba de otra así que sin pensármelo mucho me compré unas guías por internet, las descargué y empecé a hacerlo; eso y la caminadora que mis padres me regalaron me ha salvado la vida.

Hoy me gusto más, pero sobre todo me siento más fuerte y sana, empiezo a ver emerger micro músculos que jamás conocí en la juventud y me siento con mucha más energía. Aún me falta largo camino pero le seguiré, todas las noches, cansada o no, sean las once o las doce de la noche, haya hecho mil cosas o movido un elefante, disciplinadamente haré media hora de intenso y brutal ejercicio HIIT, ya saben ese que es demoledor pero queeee rico se siente.

Cuando empecé no podía hacer ni media lagartija, mi cara golpeaba el suelo y no podía despegarla de ahí…humillante, hoy ya hago treinta bien hechas, ahí la llevo.

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