Dar gracias por todo

Ayer que regresaron los niños del fin largo con su papá los sentí mucho más apegados. Nos dimos días libres y nos extrañamos. Quería llevarlos a comer pero pidieron a gritos quedarse en casa, descansar y pedir una pizza, ver una película juntos y hasta se pelearon porque los dos querían sentarse junto a mí. Terminé en medio de los dos con la nena abrazada cual koala a mi brazo. Sentí tanto amor que no pude más que agradecer por tenerlos otro día más junto a mí.

En mi curso de desarrollo humano ese es el punto más importante de toda nuestra vida estar agradeciendo diario lo bueno y lo malo. Lo malo también aunque suene raro porque siempre en las situaciones adversas vienen bendiciones disfrazadas; aquello que nosotros no podemos ver claramente.

Ya para dormir la nena quiso desahogarse de algunas cosas que no le gustaron sobre el fin de semana fuera de casa. Le pedí que mejor al día siguiente con más calma (y a una hora decente) me contara; entré a mi cuarto para ponerme la pijama y a hacer una llamada.

Salí y la nena era un mar de lágrimas en su cama.

Me acerqué y escuché despegándome emocionalmente como si en lugar de mi hija fuera una amiga, escuché poniendo distancia, tratando con toda mi alma de no explotar y transmitirle mi enojo o inconformidad, es un ejercicio difícil pues lo fácil es desahogarse y darle rienda suelta apoyando su tristeza o enojo. Traté de calmarla abrazándola muy fuerte y oré para encontrar las palabras que la calmaran y le dieran paz.

De repente me llegó la idea que consideré correcta: “Dar gracias” y le dije: “Vale cuando sientas que te pones triste o enojada, reza y dale gracias a Dios por todo lo que tienes, estás viendo y poniendo más atención en lo que te falta y te estás olvidando de todo lo que tienes”, sus ojos llorosos se abrieron y eso me mostró su interés así que continúe: “¿Si sabes que hay niños enfermos que tienen condiciones físicas que no cambian ni por todo el dinero o todos los juguetes del mundo?”; ella con su voz aún triste me contestó que sí. “¿Sabes que cualquier madre daría su casa, toda su ropa, joyas, bolsas y zapatos por ver a su hijo sano y feliz?” De igual forma asintió. “Vale tú estás sana y yo no podría ser más suertuda por tener a la mejor hija, la más inteligente, valiente y linda de este mundo, eso hay que agradecer, que tienes salud, que tienes un hermano y familia que te adoran, que tienes muchos amigos, que puedes correr y saltar, que vas a la escuela y que tienes muchos juguetes que te gustan. Fíjate en todo lo que tienes no en lo que te falta”.

Me abrazó fuerte y me dijo: “Doy gracias porque te tengo a ti que eres la mejor mami del mundo”. Lloré un poquito, la abracé de vuelta y le di un beso.

Salí de su cuarto y no pude más que agradecer por los momentos malos que nos acercan más a las personas que nos quieren y queremos, que nos llevan a buscar lo bueno dentro de toda situación adversa y a valorar lo bendecidos que somos aún cuando todo parece estar en contra. ¡Gracias!

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  1. Si sabes que estoy empezando a considerar ya no leerte, cada vez creo que llega en un momento justo tus letras y me haces llorar tan bien un poco pero pensar y reflexionar aún mas

    abrazos

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