No pelar por salud mental

Sí, no suelo ser de esas personas que pueda ignorar cualquier evento. Soy apasionada, clavada, me comprometo y me inmiscuyo pero he de decir lo siguiente: la humanidad no tiene llenadera.

Si haces o dices algo o tomas una postura frente a algo (cosa que suelo hacer) siempre habrá alguien o muchos alguienes a quienes no les parecerá y lo criticarán, si haces lo contrario espera lo mismo, no será diferente.

Aunque de forma intuitiva actuamos pensando en función de los demás – ya saben esa cantaleta de que vivimos en sociedad y todos somos el reflejo de esto que hemos construido por el bien común, etc. etc. – no debiera ser así en todos los casos. A veces pensar en los demás no lleva a ningún lado. Llega un momento en que debes pensar en tu instinto  y en hacer lo que dicta tu corazón. Y no más.

Siempre habrá gente que quiera ponerte debajo de su pie. Esa obtusa tendencia del ser humano por sentir el “poder” de tener la última palabra o asestar el último golpe, ese que definirá lo chingón que el otro es sobre todos los demás. Huevaaaaaaa. A esto súmenle las redes sociales que son hervideros de nuestro propio ego y tienen la fórmula perfecta para la disonancia, el conflicto y el eterno espiral de la discordia.

¿No se preguntan qué está pasando en el mundo que estamos dejando de prestar atención a lo importante? es más, cuando creemos que estamos defendiendo lo que es importante para nosotros, sale alguien de cualquier lado que nos señala, se burla y dice que eso no es tan importante, que de hecho es una superficialidad…

Indiferencia aplicada para el bienestar mental. Sí, dosis de sana indiferencia, aunque ya el solo hecho de conseguir un poco de ella es una enorme conquista. Es como si fuera una droga mega cotizada y difícil de producir, aunque sobra en el mundo, y aun así, no la conseguimos cuando realmente podemos aplicarla. El mundo al revés nos dice que sería muy bueno prestar más atención a lo que estamos perdiendo de vista, como la supervivencia como especie o el fin del mundo que nosotros mismos estamos construyendo como los mejores maestros pero no, frente a eso somos indiferentes y por el contrario, nos encanta prestar atención a todo aquello que no nos ayuda a ser quienes realmente somos.

Entonces… ¿cómo usar bien la indiferencia? Bueno creo que la clave está en la magia. Creo en ella sí, creo que cada ser humano tiene esta capacidad divina dentro de su corazón, esa fuerza realmente poderosa que nos guía para buscar la luz y lo mejor del mundo, para dar lo mejor de nosotros al mundo y, a veces las voces del exterior se convierten en un zumbido ensordecedor, creado para que no escuchemos nuestra voz interior.

Así que cuando creamos que debemos hacer algo que sabemos será bueno, solo hagámoslo, la regla es hacer lo que deseemos SIN DAÑAR A NADIE. Podemos ser dueños de lo que sentimos y pensamos pero no podemos controlar lo que los demás interpreten. Sería una locura querer hacerlo, por lo tanto, que las voces, críticas, burlas, señalamientos o juicios de los otros, nos sean indiferentes. Ejercicio realmente difícil pero, lo imposible requiere solo un poco más de tiempo y hoy es un buen día para comenzar.

 

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