Después de meter la pata

Mayo llegó fuerte; primero una deshidratación que me tumbó por una semana y el día que por fin salgo al cumpleaños del hijo de una amiga, casi al final de la fiesta mi hija gritó como nunca: “Me rompió la pierna, me la rompió”. Para los que no conocen a Vale es de las niñas con el umbral del dolor más fuerte que he conocido; el que gritara así sólo me hizo pensar en el dolor tan intenso que sentía. Sus lágrimas y gritos eran porque de verdad estaba sufriendo.
¿Qué pasó?
En uno de los módulos de juego del salón de fiestas había un tumbling y debajo de él un espacio para que los niños se arrastraran, ella se acostó boca arriba, estiró sus piernas para empujar a los niños (su hermano entre ellos) que estaban en el tumbling. El hermano igual para jugar y regresar el empujón, saltó y le dobló la pierna a su hermana.
¿Quién hizo mal?
Valeria, sin duda alguna; no tenía por qué estar debajo y menos empujando con sus piernas a los niños. Pudo haberla lastimado su hermano u otros cinco niños que estaban saltando ahí.
Llamé un uber y nos fuimos volando al hospital. Esguince grado 3, inmovilización 3 semanas, muletas y no ir a la escuela fue el resumen de ese domingo.
La siguiente semana me tumbé junto a ella a ver Netflix, jugar Monopoly y tratar de calmar el llanto por el dolor, la tristeza y el aburrimiento que solamente quien está en cama a la fuerza puede entender.
Hace 3 días que le quitaron el yeso, perdió el 40% de la masa muscular y no puede caminar del todo bien. 10 terapias nos faltan para retomar la movilidad al 100%, no dudo que lo logrará y también espero que después de este terrible episodio vuelva a ser la misma niña valiente y aventada; claro midiendo riesgos y cuidándose más.
Si hay algo que me encanta de ella es que es una niña extrema que salta, escala, juega y brinca.
Que este bache en el camino la vuelva más previsora pero no miedosa.
Que sane pronto y pueda en las vacaciones correr por la playa, nadar hasta el anochecer y caminar en la arena recogiendo conchitas.
Al final meter la pata de forma literal o no, es una lección de la que podemos aprender mucho.
Valorar lo que tenemos y agradecer que al final no pasó a mayores, no hubo fractura ni se tuvo que quedar en el hospital. Que fueron 3 semanas y no para siempre y que usar la silla de ruedas fue divertido y no una sentencia.
Agradecer que está bien, un poco molesta por las muletas pero pronto pasará.

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  1. Nada peor que ver sufrir a los hijos. Te entiendo perfecto. Pero con su gran capacidad para recuperarse, pronto andará brincando de nuevo. Besos a las dos
    🙂

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