Voy en el viaje a Ixtlán

Me levanto, me miro en el espejo, sin ropa, sin peinar, y veo que no soy perfecta, que mi edad tiene sus signos y deja sus rastros en el cuerpo, que tengo canas, muchas, y líneas de expresión de tanto reírme, otras de tanto reflexionar. Qué privilegio.
También me pongo a pensar que me siento bien, que estoy llena, y sobre todo que a pesar de que tengo una familia hermosa, preciados amigos, a todos mis hermanos, dos gatas y un hijo, yo soy lo único que realmente poseo. Yo solo me tengo a mí.

La primera vez que reflexioné sobre eso estaba muy joven, tendría unos 17; recuerdo haber terminado de leer Viaje a Ixtlán, cerrar el libro y llorar porque me cayó ese veinte, tuve esa certeza, esa paz de saber que solo dependía de mí. Pero realmente no había vivido ni la mitad de lo que he vivido ahora, realmente no sabía.

Hoy después de haber hecho piel varías cosas, trazarme unos doce tatuajes en el cuerpo, tener algunos años de estar sola en mi cama y aprender a disfrutar ir al cine, o comer o ver una película sola, puedo decir que realmente me siento libre, que realmente me siento en mí. Y me amo, me amo aunque a veces me salten demasiado mis defectos.
Sé que sigo viajando, andando los senderos, cruzándome con muchas personas, reconociendo a otras, pero todo va y viene, pasa, pasa y pasará. Creo que nunca he estado más dispuesta a seguir caminando conmigo mientras sonrío de frente al sol, mientras converso con mi luna, mientras me lleno más de sonreír, mientras sostengo mi pluma.

No tengo miedo a envejecer, nunca lo he tenido, no hay nada que se vaya a quedar conmigo de todo lo que hoy tengo, solo mi mente, mis ideas, mi pasión, mi profundo amor por la vida, mi alma de actriz, pero nunca nadie me podrá quitar eso, todo eso es mío. Dice Bukowski, “find what you love and let it kill you”… Bueno yo he encontrado que me amo a mí.

No Comments Yet

Leave a Reply

Your email address will not be published.