La Reina ha muerto

Ayer fui al espacio Autogestivo El 77 en la Juárez. Vi una obra que podría definir como fuerte pero hermosa. No quiero echarles a perder la historia, solo diré que es de violencia de género. Lloré, aunque claro, con lo sensible que soy eso era de esperarse pero lo resalto porque más allá del tema me conmovió la actuación y la forma de entregar el mensaje. Un mensaje envuelto para regalo con la eterna narrativa de las princesas y los cuentos de hadas que se tornan armas letales para millones de féminas que crecen esperando a su príncipe azul, futuro rey de su mundo… armas letales. 

 La gran lección: para llegar a ser reinas, a las mujeres nos enseñan dos cosas que nos harán virtuosas y queridas, saber sonreír y aprender a callar. Dos cosas que marcan nuestro destino para ser amadas, dos cosas que nos ponen en vulnerabilidad y nos exponen al peligro de no saber alzar la voz.

 Cada mujer que sufre violencia y calla, está perpetuando el ciclo.

El origen por supuesto es cultural, generaciones y generaciones de madres y abuelas enseñando a sus hijas sobre los componentes de la virtud, los ingredientes que como fórmula mágica y probada, lograrán que las hijas sean elegidas, deseadas, aptas para el matrimonio.

 Cuando una mujer no sonríe es frígida o mal cogida, cuando una mujer no sabe callar y abre la boca, no es virtuosa o buena, es una loca histérica “en sus días”, que merece ser apagada. Vean a las reinas de belleza, deben sonreír, hay toda una cultura en USA donde a las niñas desde muy pequeñas las meten a estos certámenes de belleza en los que básicamente deben lucir plásticas, hermosas y claro hacer una gracia. Si no lo tienen con ellas (ese “ángel”), pierden. La hiperfeminización es escalofriante.

 La reina ha muerto plantea una salida, un rompimiento del ciclo perpetuo, dice “no más” en medio de un bosque de etiquetas, juicios, expectativas y programaciones depositadas en nuestro vientre. Es un golpe de realidad que incomoda y denuncia el silencio social, el de los testigos que ven y no dicen nada, el de la sociedad que normaliza el maltrato, el de las madres que a su vez callaron y con su ejemplo trasmitieron lo mismo. Y al mismo tiempo es una invitación a dejar de hacerlo.

 Con las actuaciones de Jey Aderith, Verónica Barba y Valeria Lemus, esta obra te lleva de la mano en un viaje emotivo, crudo y sobre todo sincero; no se puede tratar este tema sin la honestidad por delante. Se requiere de actrices capaces de darse y abrirse el alma para tocar sus propias heridas y las que, como mujeres, las unen a miles de desaparecidas, golpeadas, violadas y muertas en este país…sí, son heridas hondas y grandes, heridas sin cerrar. Actrices valientes, cómplices, dadas, mujeres fuertes, hermosas y de una belleza rara de encontrar para encarnar personajes que hablan por todas.

Itari Marta su directora, logra con mucha sinceridad y sin dramatismos innecesarios sembrar un mensaje para futuras generaciones, una gran visión llena de verdad. Gracias mujeres, gracias por ocuparse a través del teatro en sembrar un semilla diferente. ¡Gritemos!

 http://www.foroshakespeare.com/

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