Dos historias opuestas de lactancia materna

En esta semana mundial de la lactancia materna me siento movida a contarles mi historia lo que me sucedió al darles leche materna a mis dos hijos las cuales fueron experiencias opuestas.
Dejen me acomodo en el diván, mi primer hijo me tomó desprevenida, no tenía amigas cercanas con hijos y mi mamá me decía que ya no se acordaba de nada. En el hospital de monjitas en el que dí a luz, me enseñaron a cambiar el pañal pero hasta ahí llegó la tutoría; en casa ya me salía algo de leche pero no así como para llenar botellas y seguir con mi vida. Me sentí inútil al estar a toda hora con mi hijo pegado a mí. No dormía y el estrés me afectaba, estaba cansada.
Llevamos este paso 6 meses en los cuales nunca aceptó de buenas un biberón con fórmula ni con mi leche, fue muy cansado, hasta que un buen día le quise dar pecho y lloró desesperado como si se le hubiera aparecido un monstruo. Ese día bebió del biberón como si se conocieran desde el primer día.
Me sentí rechazada y al mismo tiempo les confieso que aliviada.
Con mi otra hija fue una historia distinta, cambié de hospital y desde el día uno llegó la asesora de lactancia a visitarme y darme las actividades del día; baño del bebé, taller de lactancia matutino, visita al cunero, cambio de pañal, taller de lactancia vespertino, etc.
Yo con un hijo mayor llegue al taller con la idea de ir a enseñarles a las demás cómo se hacía y mi sorpresa fue que la que no sabía ni madres fui yo.
La asesora corrigió la forma en que cargaba a mi hija, cómo ella estaba prendida a mi, me mandó a comprar unas pezoneras para que la bebé pudiera succionar mejor y lo más importante que aprendí ese día fue lo que la asesora dijo: “Tomen el rato de lactancia como su descanso, disfrútenlo, que sea “su ratito”” y así lo hice.
Mi forma de pensar acerca de la hora de darle de comer a mi hija fue de placer, de descanso; no como con mi primer hijo de a la fuerza y como un trabajo.
La bronca fue que produje menos leche que con mi primer hijo y sólo alcanzamos 5 meses de lactancia materna, tuve un viaje que significó decirle adiós por 10 días a mi pequeña y adiós a la lactancia para siempre.
Y de verdad la moraleja que les tengo es que busquen ayuda, pregunten, la lactancia no tiene que ser sufrida, debe de ser su momento de conectar con su bebé, disfrutarlo y relajarse.

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