Cuando darías todo por un trabajo

Trabajo

Siempre tuve suerte en esto de las chambas, salvo cuando salí de la carrera que estuve siete meses buscando sin encontrar; después, desde que entré por primera vez, me cambié varias veces pero siempre por otra mejor oportunidad económica o por el lugar que era algo de mi interés, además varias veces yo dije: “Quiero estar ahí” y se me hizo.

Pero no todo es miel sobre hojuelas ni la suerte dura para siempre, no; cuando se me terminó, me las vi negras y ya no sabía ni qué hacer. Claro que todo fue progresivo, al principio me la tomé tranquila porque llevaba mucho tiempo trabajando y podía tomarme un espacio, empecé a buscar a mis contactos y buscar en las bolsas de trabajo virtuales pero no salía nada, las vacantes que anunciaban en las bolsas eran como fantasmas, mandaba el “ridículum” y nunca sabía si lo recibían o con cuánta gente estaba compitiendo. La vacante estaba meses ahí y de repente un día la quitaban, o llegaba un email diciendo: “Gracias por participar en el proceso pero la vacante se cerró”. Y pensaba: “¿Cuál proceso, a qué horas? Si nunca me contactaron para nada”.

En ese momento la frustración iba subiendo de nivel, otro motivo eran los perfiles de las personas que buscaban, pedían más requisitos que si uno fuera Felipe Calderón (en esa época era nuestro presidente) y los sueldos eran de risa: cuando ofrecían 15,000 pesos estaba muy bien pagado, así que había que irle bajando a las pretensiones, porque si no #NiComoAyudarme.

Cuando lograba que me citaran para una entrevista ya era mucho, pero era otro punto de la frustración, porque fui a millones (OK, exageré) y pues nada. Ya no sabía qué hacer, ¿qué querían los reclutadores que dijera? Cuando decía que era una persona seria y responsable, pues no, querían a una extrovertida que se llevara con todo mundo y con miles de contactos. Otra cosa inverosímil era que me pedían: “A ver, cuéntame en qué has trabajado”. Empezaba a hablar y me decían: “No, pues ese no es el perfil que necesitamos”. Y yo pensaba: “¿Pues qué no leyeron el currículum? ¿Para qué lo piden?” Y la otra: durante la entrevista había mil interrupciones, ni me pelaban y no dejaban el #PutoCelular por estar chateando, contestando mails o de plano llamadas súper urgentes #EnSuMente.

Y llegas a decir: daría todo por tener un trabajo y vas a cada lugar a entrevistas donde te podrían matar, violar o secuestrar. También casi aceptas lo que sea por tener un trabajo, porque sientes, y te hacen sentir, que te hacen un favor, porque no das el perfil ni sirves para nada.

Así estuve dos años, no se lo deseo a nadie. Hubo un momento en el que sí me sentí en un pozo muy profundo del cual no iba a salir; les agradezco a las personas que tuvieron la intención de ayudarme, a muchas las conocí por Twitter y ni siquiera me conocían bien, otras son amigos de mucho tiempo, y otro brillaron por su ausencia #UstedesSabenQuienesSon… :-O

 

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